El cine como mediación cultural, critica y memoria regional
Coordina: Zyanya López Arámburo
Desde la perspectiva de la gestión cultural crítica, el cine no debe entenderse como un mero producto de consumo estético o de entretenimiento, sino como un dispositivo de mediación política y social. Su capacidad para cuestionar las narrativas regionales hegemónicas, radica en su potencia para vehicular tensiones territoriales y agenciar nuevos sentidos comunitarios.
Bajo este enfoque, el cine documental opera como una herramienta de contra-archivo. Al cuestionar el relato oficial, activa procesos que permiten conectar memorias alternas, denunciar realidades de opresión estructural y reconfigurar identidades colectivas. No obstante, esta labor no es exclusiva de la no-ficción. El cine de ficción contemporáneo se integra a la práctica cultural como un catalizador ético fundamental; mediante la construcción de mundos posibles, la ficción logra problematizar las crisis vigentes de la región como el despojo, la violencia o la exclusión, desde una dimensión afectiva que moviliza la conciencia crítica del espectador.
Estas intervenciones cinematográficas apuestan por registrar sus procesos como un ejercicio de justicia epistémica. Documentar las metodologías de cocreación, las incertidumbres, errores, hallazgos y las dinámicas de recepción comunitaria no es un acto secundario, sino un registro que funciona como transmisor de conocimiento, garantizando que los aprendizajes colectivos se preserven como herramientas expandidas y replicables.